Más de 50 años juntos en el rancho Hipólito

Héctor lleva en su triciclo las herramientas de trabajo como la escoba y la pala con las que junta la basura en la plaza del ejido Hipólito, municipio de Ramos Arizpe. Tiene más de 80 años y vive con su esposa que sufrió una embolia y perdió el habla y la capacidad de moverse por su cuenta. 

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La bici me da fuerza a los 65 años

Ramón Sosa Izquierdo llega en bicicleta a la marcha por un transporte público digno, en rechazo al aumento de las tarifas en Saltillo. Se baja de la bici para caminar junto a los jóvenes estudiantes, adultos mayores, amas de casa y trabajadoras que toman un carril de los principales bulevares de la ciudad: Venustiano Carranza y Francisco Coss hasta la Presidencia municipal. Ramón tiene 65 años y está pensionado después de haber peregrinado de trabajo en trabajo hasta que encontró una plaza de intendencia en una oficina del Gobierno de Coahuila en la que duró 10 años. 

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Cinco adolescentes se liberan de sus problemas saliendo en bicicleta

En la calle, la amistad ocurre. Y la rebeldía del espíritu adolescente encuentra su libertad. Porque la vagancia es salud, como dice el artista Gibrán Turón. Aunque el escenario es hostil, los jóvenes conquistan una ciudad hecha pedazos bajo el calorón del verano. “Nos ven como vagos, pero es un estilo de vida”, responde Yael, estudiante, trabajador y ciclista de 15 años. Él, Yahir, Jesús Alberto, Miguel Jared y Roberto pedalean por la lateral del periférico Luis Echeverría Álvarez y sus problemas se pierden en alguna fisura del pavimento, mientras el sudor brota al igual que las risas y la certeza de que pueden llegar en bici a cualquier lado.

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La estilista canina que venció el miedo a emprender y rodar en Saltillo

Una caricia es caligrafía sobre el cuero. La mano que pasa por el cabello deja un mensaje y poco a poco el perro que llega inquieto a la estética se relaja entre los brazos de Imelda Rodríguez, la estilista canina de 27 años. En ocasiones, el perro gruñe, se zangolotea y lanza una mordida como diciendo “estoy nervioso, he sufrido y no confío en los humanos”. Imelda intuye el significado de ese lenguaje extraño y sabe que no tiene que forzar al perrito. Vencer el miedo o superar un trauma requiere tiempo y “a pesar de que pasan por muchas cosas, si tú les das amor, ellos te agarran confianza y otra vez vuelven a confiar en la gente”.

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Alfredo, el guardián del nido de los Dragones del Norte

Alfredo aprendió el oficio del fuego y forjó su primera bici a los 14 años cuando trabajaba en un taller de soldadura en Gómez Palacio, Durango, por la mañana, y por la tarde volvía a cruzar el lecho seco del río Nazas para regresar a su natal Torreón y estudiar la secundaria. Al principio utilizaba cuatro camiones: dos de ida y dos de retache. Hasta que un día la chispa del espíritu adolescente le regresó la vida a unos fierros viejos que todavía conservaban el alma de bicicleta. Se trepó sobre su creación de dos ruedas. Y llegó más rápido que las enormes latas verdiblancas que antes abordaba. 

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La niña que soñaba con una bicicleta y de adulta formó una familia y un grupo femenil de ciclismo

Leslie tenía siete años cuando le pidió una bicicleta a Santa Claus, pero recibió una Barbie esa Navidad, y la siguiente también y así se fueron acumulando las muñecas. Pero no se quedó con las ganas de moverse sola en dos ruedas: cada año viajaba de Saltillo a Charcas, el pueblo donde nació su madre en San Luis Potosí, y rentaba una bici. Esas eran sus aventuras de la infancia.

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Las niñas y niños son ciudadanos y tienen derecho a calles seguras

Las niñas y niños tienen derecho a disfrutar la ciudad. Son ciudadanos ahora, así como los adultos. Y sufren las consecuencias del diseño urbano enfocado en los automóviles. Por eso las calles son inseguras para las personas. Pero podrían ser de otra manera si los tomadores de decisiones se quitan el coche de la cabeza, entonces la ciudad podría ser un lugar habitable para la infancia, y, por lo tanto, para todas las personas.

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Las caídas y perseverancia de una ciclista de 13 años llamada Maryjose

Hubo un día en que Maryjose descubrió que sus papás no sujetaban la bicicleta para que no se cayera, y ella, la chica de 5 años, avanzaba sola y supo que seguiría avanzando y que no se bajaría de ese vehículo que movía con su cuerpo y liberaba algo en su mente. 

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Gretel, la niña de 10 años que pasea en bici con su abuelita

Imagina que tu abuelita te invita a pasear en bicicleta un viernes por la tarde con un grupo de adultos. Tienes 10 años y a lo mejor no te dijo que al menos ibas a pedalear 13 kilómetros en el recorrido, más 5 kilómetros de la casa al punto de reunión y otros 5 kilómetros de regreso. Tal vez no me creas y digas que los niños ya no salen a las calles y menos con sus abuelitos y que es impensable que un morrito se aviente 23 kilómetro de una sentada. Pero es la verdad. La niña se llama Gretel, tiene 10 años y cursa el 5° de primaria.

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Calles furiosas y congestionadas, pero el ciclista sigue movimiento y en paz

Lo que más suena en Saltillo no es reguetón ni country ni norteño ni banda. El sonido que domina la calle es el rugido mecánico de motores, su exhalación pestilente y el rechinido de llantas y engranajes. No hay casa sin este inquilino indeseable. ¿Dónde se encuentra la paz en una ciudad? ¿Y en qué momento nos acostumbramos a vivir con ese zumbido?

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