La niña que soñaba con una bicicleta y de adulta formó una familia y un grupo femenil de ciclismo

Leslie tenía siete años cuando le pidió una bicicleta a Santa Claus, pero recibió una Barbie esa Navidad, y la siguiente también y así se fueron acumulando las muñecas. Pero no se quedó con las ganas de moverse sola en dos ruedas: cada año viajaba de Saltillo a Charcas, el pueblo donde nació su madre en San Luis Potosí, y rentaba una bici. Esas eran sus aventuras de la infancia.

A los 19, Leslie Muñiz tuvo su primera bicicleta. Y se la regaló su esposo. “Él es el culpable”, dice entre risas porque ahora, a los 43, mamá de un joven y una joven veinteañeros y una adolescente, es fundadora y coordinadora de un grupo femenil de ciclismo llamado Amazonas Saltillo. Lo formó con Berenice Martínez durante el 2020 y lo que empezó como una manera de hacer ejercicio se convirtió en reuniones de 30 mujeres sobre ruedas, empoderadas, conquistando calles, carreteras y senderos.

Nadie se hubiera imaginado que la carnita asada en que Leslie conoció al hombre que sería su esposo, “Lo vi, me vio, nos gustamos, a los nueve meses nos casamos, tuvimos a nuestro primer hijo al año de casados”, nadie se hubiera imaginado que después serían una familia de cinco personas “bien chispa porque íbamos en la bicicleta y llevaba el asientito de bebé”.

«Se siente bien padre andar en las rampitas o pasar un bordo y levantar la bicicleta; yo nunca me imaginé hacer eso, y ahora que lo hago revive la chispa, como que vuelvo otra vez a mi niñez»

Leslie Muñiz, ama de casa, trabajadora y ciclista de 43 años

Entonces Leslie se despidió temporalmente de su vehículo de dos ruedas. La vida giró hasta encontrar el momento preciso, como un simple pedaleo del destino, en el que la mujer adulta volvió a soñar como una niña.

“Se siente bien padre andar en las rampitas o pasar un bordo y levantar la bicicleta; yo nunca me imaginé hacer eso, y ahora que lo hago revive la chispa, como que vuelvo otra vez a mi niñez”.

Y las aventuras se convirtieron en kilómetros, en sudor y risas, en músculos tensionados que exprimen dosis de placer para seguir avanzando, con el cuerpo orgulloso y móvil, y el sueño solitario de la infancia devino familia y un grupo de guerreras.

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